• ¿Cuáles son los pensamientos que más te impactaron del anterior escrito?
• ¿Eres libre en tus sentimientos, o estás enjaulado o encadenado? ¿Cuáles son tus barrotes y tus cadenas?
• ÂżCuál es el mensaje de esta fábula? EscrĂbelo en una corta frase.
• ¿Sucede entre nosotros? Da ejemplos.
Lee atentamente
LA JAULA
Allá en una lejana pradera, en las riberas de un arroyo cristalino, encontrĂ© una jaula cuyas barras habĂan sido armadas por una mano maestra. En una de sus esquinas yacĂa, muerto, un pájaro; en otra, habĂa dos tácitas, una sin agua y otra sin grano.
Me puse entonces a observar y a meditar en todo lo que tenĂa frente a mĂ, y me pareciĂł que en el espectáculo de ese pájaro muerto y en la voz del arroyo, y en esas dilatadas praderas, habĂa una lecciĂłn que hablaba a la conciencia e interrogaba nuestras profundas intimidades.
MeditĂ©, y descubrĂ que ese pájaro humilde habĂa muerto al lado del arroyo luchando desesperadamente contra la sed; y que en medio de esas vastas praderas, cuna de la vida, habĂa perecido de hambre.
Momentos despuĂ©s vi la jaula transformarse en un cuerpo humano transparente, y el pájaro en un corazĂłn con una profunda herida, del centro de la cual manaba una sangre de un color rojo vivo; y vi que los bordes de la herida se habĂan transformado en los labios de una mujer triste.
Y oĂ salir de esa herida una voz que decĂa: “Yo soy el corazĂłn humano, esclavo de la materia y vĂctima de las leyes terrenales. En medio de las grandes bellezas de la creaciĂłn, y en las riberas de los manantiales de la vida, fui apresado en la jaula de unas leyes que el hombre ha dictado a los sentimientos. Y en las manos del amor, y ante los altares erigidos a la belleza, fui sacrificado sin piedad y morĂ en el abandono. Porque todo lo que la belleza y el amor generosamente brindan, me fue vedado. Todo lo que me atraĂa es, segĂşn las leyes de los hombres, una vergĂĽenza; y todo lo que deseaba, una vil degradaciĂłn. “SĂ soy el corazĂłn humano que fui confinado en una prisiĂłn hecha por unas leyes sociales que me privaron de mis fuerzas, y estrangularon mis sueños. Y con unas cadenas imaginarias, me redujeron a la impotencia, y asĂ perecĂ. Y abandonado en los oscuros callejones de una civilizaciĂłn sin sentimientos de justicia, rendĂ mi Ăşltimo aliento ante una humanidad que tiene la lengua paralizada y los ojos secos, pero que siempre sonrĂe”.
(JALIL GIBRAN. “De las tempestades”.)